Los amantes (Rene Magritte)
En una semana en que sigo debatiéndome con los fantasmas y la paranoia de Sábato -me quedan poco más de cien páginas del turbulento y desvariado Abaddón el Exterminador-, no sólo observé muchos ciegos por las calles de Buenos Aires, sino que también soñé con un perro siberiano que había quedado ciego.
Miércoles, pasado el mediodía. Rosita llega a la estación Belgrano R. Se acomoda en su rincón al lado de una de las boleterías y pide la primer moneda.
-¡Soy yo, Rosita! -le contesta entre risas un empleado ferroviario-. ¿A mí me vas a manguear, ahora?
-No, no sabía que eras vos -dice ella.
Jueves, estación Pueyrredón de subte, un par de horas antes de que Italia se quede afuera del Mundial. Una mujer de mediana edad se acerca al ciego que escucha la radio a metros de la boletería.
-¿Qué radio es? -le pregunta-. ¡Pasan Bach!
-Es la 100.3, señora -dice él.
Ese mismo jueves, en ese mismo momento, pero unos metros más cerca de la salida de Santa Fe, una anciana chiquita, de pelo muy blanco, se acerca a un hombre con lentes oscuras que pasea un perro Setter, su lazarillo.
-Hace mucho que no te veía por acá -le dice ella en tono de reproche, y abre un pequeño monedero para darle luego un billete.
Martes, después del mediodía. Estación de tren Belgrano R.
-Dos idas y una vuelta por favor -pide una joven acompañada por el que aparenta ser su padre.
El boletero no entiende. La chica repite la fórmula.
Rosita toma la palabra:
-Decile un ida y un ida y vuelta. Así te va a entender mejor.
-Ah bueno -contesta la chica mientras paga.
-Porque si no no te entiende. Si le decís dos idas y una vuelta, es más difícil.
-Bueno -vuelve a contestar la mujer mientras se dirige hacia el andén.
-¿Y tendrá una monedita, por favor?
La mujer no contesta y sigue caminando.
Es miércoles, y el último subte de la línea B parte con destino a Avenida de los Incas.
Suena la bocina.
Una mujer de mediana edad, con un bastón blanco se para frente a una de las puertas.
La conductora del subte aborta el cierre de puertas, se baja, y la ayuda a subir.
Vuelve a sonar la bocina, se cierran las puertas y el subte arranca.
