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viernes, 8 de octubre de 2010

Here comes your band


El primer click de este estilo fue en 2005. Veníamos de una malaria de visitas internacionales que bien reflejaba la crisis de la que el país estaba saliendo. Y nos volvíamos, de a poco, a insertar en el mundo. Claro, White Stripes le había sacado el polvo al Luna con una sesión antológica, y Faithless había revolucionado una Southfest -hay que reconocer que las bandas electrónicas fueron las primeras en volver a mirar hacia abajo en el mapamundi-. Pero como si eso fuera poco, Moby bajaba de su plato volador directo a La Rural y Manu Chao se daba una vuelta por Floresta. Y hasta ahí, feliz, les había seguido el paso. Pero había más. Franz Ferdinand también se subía al Luna, Ferro volvía a jugar en primera de la mano de Pearl Jam y a fin de año pisaban la Argentina las All Stars de los Strokes. Y yo ya no estaba tan feliz. El cuero no daba, la plata no alcanzaba. Y por más que quisiéramos ver todo, era imposible. La espuma nos bajaba y entendíamos que algunos que venían y no podíamos ver, podían volver alguna vez. Y que ese parador del fin del mundo que nos habíamos vuelto, de a poco retornaba al circuito.

*    *    *

Así aprendimos a elegir. A veces mejor, a veces peor. Y eso por unos cuantos años. 
Hasta 2010, claro, donde el decir vienen muchos es poco. No hay plata ni tiempo que alcance para todos. Y otra vez la pregunta: ¿a quién carajo voy a ver? ¿Air, Paul McCartney, Regina Spektor, Belle & Sebastian, Echo and the Bunnymen, The Smashing Pumpkins, Rage Against the Machine, Green Day, Taken by trees, Korn, Stereophonics, Pavement, Jeff Beck, Queens of the Stone Age, Massive Attack, Phoenix, The Cranberries o Pixies?

*    *    * 

Pixies. A ese fui. ¡Y menos mal! No se por qué tenía la equivocada idea de que alguna vez habían tocado en un sótano céntrico varios años atrás y que yo me había colgado y no había ido. Según la Trautman, eso nunca pasó, y lo del miércoles fue la primera vez de Pixies en Argentina. Sí, sí, esa banda que influenció a Cobain -o a la que le robó el espíritu adolescente-, que permitió el nacimiento de extrañas criaturas musicales como My Bloody Valentine y The Jesus & Mary Chain, y que hoy se refleja en Weezer, Yeah yeah yeahs y Flaming Lips. Por más que Black Francis -ese líder de panza ovalada y camisas de leñador- lo niegue. "Soy incapaz de identificar las bandas que supuestamente han sido influenciadas por mí... Son los periodistas quienes pueden ver estas cosas", dice él. 
Y no se si el recital fue el "soundtrack de mi vida" como lo titularon en esa buena mini crónica de la Rolling, pero que valió la pena estar ahí, de eso no hay duda. Valió la pena ofrecerle la entrada a un amigo durante el día porque creía que no llegaba, que me diga que no, que me temblaran las manos en el teclado cuando, a físicamente media cuadra del Luna, estuviera sentado en el trabajo esperando el OK para irme, que mi compañera intercediera -¡gracias Adri!-, y que a las 9 en punto estuviese corriendo hacia allá, subiera las escaleras con el estómago acogotándome la garganta -por la falta de estado físico, claro- y que llegara mientras sonaba, ruidoso, Waves of Mutilation. 
Y después, una seguidilla de hits a pedir de un público que nunca vio a la banda. Rápidos y concisos, con la fuerza intacta a pesar de los años. Con el gordo Francis divertido sobre el escenario, con la auténtica y única Kim Deal dándole duro al bajo, y con un Santiago afilado. Y así pasaron Dig for Fire, Here Comes your man, Gigantic, Gouge away, Debaser, y uno no podía dejar de moverse mientras se acordaba de todas las veces que había hecho girar el cd para que el noise más melódico del mundo reventara los parlantes del cuarto.
Y que con Number13 la música se congelara en un tono hipnótico por varios minutos y que nos vayamos lejos pensando "ojalá que venga pronto Sonic Youth, che", y que llegue Where is my mind? y que ahí sí digamos, ahora está sonando una de las canciones del sondtrack de nuestras vidas, porque siguen pasando los años, nuestra cabeza sigue estando en cualquier lado, y nos siguen fascinando los Pixies.

*    *    *

Y acá la canción a la que remite el título.



* Collage de Julieta Piaggio
** Foto de Segismundo Trivero, Rolling Stone

sábado, 24 de julio de 2010

Lo que el nuevo Capusotto nos dejó

Como muchos saben, el lunes pasado arrancó una nueva temporada de Peter Capusotto y sus videos. Y si bien ya no nos provoca esa carcajada convulsa culpa de Pomelo, Gastón "Idiota" Ranquilevich o Luis Almirante Brown, el tipo sigue creando personajes originales, y se mantiene, lejos, como la mejor propuesta de la renovada TV Pública -a la altura de los comentarios varskyanos de Diego Latorre, y para aquellos acérrimos oficilistas detrás del siempre polémico 6,7,8-.
Pero focalizando en esta nueva ola capusotteana, quiero destacar a ConSumo. Creo que fue el pico más alto, y merece ser compartido.


Pero, personalmente, el señor Diego y su inseparable Saborido me siguen dando lecciones de música de los 60' y 70'.
Y gracias a esta nueva temporada, con Juli logramos identificar la canción que hace de cortina. Un verdadero temazo, fundacional y psicotrópico de una tal Status Quo. Posiblemente Hori o Joaquín la conocieran, pero yo no tenía idea de su existencia.
Y me voy a dar un gustito, y acá abajo cuelgo el video: Pictures of Matchstick de Status Quo. Clip de antología. Nótese la felicidad al tocarla que tienen los muchachos, evidentemente sabían que estaban haciendo las cosas bien. Y el paso de baile de los chicos de abajo, imperdible. Base de "Scorpio rising", vocales estiradas a lo Liam Gallagher... y cada vez me convenzo más que todas las patas del rock están guardadas en los 60'.    

viernes, 25 de junio de 2010

Hoy toca El mató a un policía motorizado (decálogo indie)

Es verdad. Hoy toca en Niceto esta banda platense de indie rock que es más conocida por llamarse El mató a un policía motorizado que por sus narcóticas canciones garageras.
Pero este post viene de déjà vu. Nos vamos al año pasado, otro viernes, otra previa a un recital de estos muchachos vintage y ruteros en Niceto.
Un chico y una chica van a ir a verlos por primera vez. Y se preguntan: ¿qué onda será la gente que los va a ver? ¿cómo se vestirán? ¿qué tomarán? ¿habrá una feria americana en la entrada? Y como todavía no lo saben, se anticipan, tiran ideas, deliran un poco y tratan de sacarles la ficha. Tal vez, sin darse cuenta, logran construir el tan preciado decálogo indie. 
Acá el ida y vuelta de mails y un tema de los motorizados de La Plata.

Ella: Ayer a la noche me quede pensando en que me iba a poner para ir acorde a la velada indie.
Ni hippie, ni murguera onda vine a ver a Kevin Johansen, ni indie newyork glam onda vine a ver a Interpol.
Todo un desafio.

El: La ropa interior la dejo a tu criterio, por supuesto. 




Arriba: el pelo onda fleco. Si podés teñirte color caoba mucho mejor. Si no así está bien. Algún tijeretazo no te vendría nada mal, así parece más desprolija, así bien urbano.
nada de maquillaje. Aunque estaría muy bien si te delineás los ojos de negro.
¿Remera? Iría a lo clásico: rayas horizontales, color a elección. Puede ser con pupo a la vista. A mí me gusta más que no. ¿Referencias? La cantante de Yeah Yeah Yeahs, los chicos de Villanos. y los colores pueden ser verde y negro, rojo y negro, azul y negro, blanco y negro (media carcelera esa)... bueno en fin parece que el negro sale siempre.
Pantalones. Y te diría que Jean. Chupinado mucho mejor. En su defecto uno negro gastado (tambien chupinado, claro), y si no (que es la opción que menos me va) uno negro liso (chupinado claro) así de tela de pantalón de vestir.
En las patas: Y las de Warhol... aunque si tenes otras botitas all star medias gastadas mejor. Colores: blancas que estén muy sucias, azules, negras, rojas sobretodo.


Ella: Si, lo de la ropa interior mientras que no se vea, casi no importa. Salvo algun bretel medio bizarro o shocking o que-no-tenga-nada-que-ver-con-lo-que-tengo-puesto-que-queda-mejor, onda me lo puse despues de haber estado recorriendo Palermo con mi chico y nada, nos tomamos un Fruttare de limon, escuchamos The Rosebuds tirados en una plaza. Volvimos al depto sacamos a dar una vuelta a Sócrates y a India , me bañe y bueno....me puse ese corpiño.
Lo de la remera lo habia pensado. Voy a ver si consigo una de PJ Harvey haciendo fuck you o alguna escosesita y me lo pongo con unos pantalones rayados...Que no tengo! Abortado.
Pelo, una trenza media desarmada o si...muuuuuucho fleco. Y algun tijeretazo a lo Monica Gutierrez Un pañuelo de mi madre de los 70s. Si no es en la cabeza, me lo ato a la muñeca. O peinado de cabezona, claro.
Y si, el make up tambien coincido. Cero vestigios de sol. Piel blanca, pecas y muy muy palida ...con los ojos bien delineados de negro. Pero no perfectamente delineados sino como que parezca que me los delinee hace 3 dias. Y estaria bien para la ocasion la boca pintada de rojo (y las uñas tambien o de negro o de azul).
Me voy a dar una vuelta por Flores y entrar sigilosamente al cuarto de mi abuela para robarle un collar de perlas o un camafeo , cosa de engancharlo en alguna cartera.
Claramente, todo acompañado con una pose de relajo/cansancio y pseudo desprecoupacion. Con la boca media abierta, y la cabeza como caida para un costado. 
Y me llevo un celular sin tapita, un walkman en el bolso, la Lomo para sacar fotos, quizas las gafas palermistas en algun Bolso de Viaje, y el chico indie de chomba Levis al lado.
Ahora, una pregunta.
¿Que se pide en la barra siendo un chico/a indie?

El: Y... digamos que el indie es una tribu urbana que no tiene ni trago ni droga específica...
Digamos tambien que el indie es una tribu urbana relativamente nueva.
Y voy a delirar un poco, pero si no me equivoco viene a tener una raiz post grunge, de finales de los noventa digamos, cuando el rock alternativo era un termino demasiado amplio, o justamente las grandes bandas alternativas (Smashing pumpkins, Nirvana, etc) ya firmaban contratos con las discograficas grosas. Entonces este puñado de bandas yankis post grunge o muchas britanicas post brit pop 90's y post post punk, fueron resurgiendo con sellos independientes, de ahi la palabra indie... y no se de repente lo de siempre: lo outsider, lo anti mega, lo no comerciable o anti marketinero, pasa a ser la moda. Las grandes marcas se meten en el medio (levi's, all star, etc) y lo que era indie, o alternativo se volvio lo canchero, lo que se usa, lo que se escucha. Igual creo que la moda indie pego mas que la musica indie. Como que unos pocos pudieron saltar al estrellato (de la mano de all stars ponele como hicieron estos niños bien de los strokes) y bueno los indie quedaron indie y en el anonimato.

Ella: mientras decias lo de que los anti establishment se vuelven moda, se me vino la publicidad de Converse con el amigo Julian Casablancas te lo juro. Cumbio y su participacion en graficas de ....no se si puma o adidas 
Es que si. Lo anti termina siendo lo pro. La rebeldia se vuelve lo adecuado, lo correcto, el arquetipo. 
Con respecto igual al asunto tragos y el indie, me voy a poner a divagar sobre posibles nombres de tragos indies. Ahi voy. No me hago cargo de los resultados. O si.
Depende.
1) Whisky on The Strokes
2) White, Striped & Russian
3) Seven Nation Army (Version indie del septimo regimiento)
4) Bloody Mary (in chains)
5) Caipirinhan's Girls (Good time!)
6) Semen de Villano (reversion indie del Semen de Pitufo, Made in Villa Celina)
7) Y si se toma cerveza, claramente la Palermo


jueves, 11 de marzo de 2010

La infancia de los hermanos Coen

Los Coen... otra vez los Coen. ¿Qué decir de ellos después de ver Un hombre serio? Mientras lo pienso, vean el video.1967. Jefferson Airplane. Así arranca la peli. Si les gustó la seguimos...




Antes que nada aviso que no soy un fanático de los hermanos de Minnesota. Pero debo decir que sus películas no me pasan de largo... los Coen me transmiten algo. Siempre. Y supongo que eso es bueno. ¿Qué hay peor que una obra no transmita nada? No puedo hablar aún de Barton Fink, ni de Raising Arizona, ni del Hombre que nunca estuvo. Pero ayer fui a ver Un hombre serio -sí una de las diez nominadas al Oscar- y como verán estoy posteando. O sea, me dio ganas de decir algo. Como siempre hacen los Coen.
Hagamos un breve repaso de lo que me dejaron los Coen -valga la discrecionalidad, como siempre- en cosas muy puntuales:
Fargo (1996): tenía quince años y mi adolescencia no me permitía permanecer en el sillón con mis padres durante un poco más de una hora y media viendo una película. Recuerdo las puteadas de mi viejo, y en la pantalla, un auto, un baúl, mucha nieve y un cadáver. Ah, y la inconfundible cara de William Macy.
El Gran Lebowsky (1998): me la hizo ver un amigo, un sábado post resaca. Por culpa de Jeff Bridges, si en los bares no hay Fernet ni Ron ni tengo ganas de tomar cerveza, pido un White Russian.
Sin lugar para los débiles (2007): no se cómo hice para arrastrarme hasta el cine ese de la avenida Santa Fe todavía. Pocas veces estuve tan abajo como aquel día. Encima me equivoqué de parada y tuve que caminar como veinte cuadras. Tal vez fui porque era la ganadora del Oscar, tal vez porque me esperaba una chica en la puerta del cine. ¿Qué me llevé? Unos de los mejores villanos de la historia del cine y una larga discusión sobre el final de las película.
Quémese después de leerse (2008): ¿alguien vio a Brad Pitt tan feo como en esa película? Mérito de los Coen, que además me hicieron reír. Y no mucho más.
Un hombre serio (2009): Ethan y Joel echan una mirada hacia atrás y nos llevan a St. Louis County, en Minnesota, cerca de Canadá. Un barrio de clase media, casas prefabricadas, y una familia judía, bastante disfuncional. Un padre que se atiene a las reglas divinas, y espera, desesperado, que Dios se atenga a las reglas del hombre. O al menos que le de una mano. Otra comedia negra de los Coen, esta vez bastante más realista y menos disparatada. 
Y para los que ya la hayan visto y quieran degustar un post final, vean esto que les puede interesar.        

lunes, 28 de diciembre de 2009

F.D.F: Metal con toques de glam rock

Metal con pinceladas de glam rock. Esa es básicamente la propuesta de First Date Fuckers (F.D.F.), una banda porteña de heavy rock que se las trae. La temible criatura nació allá por el 2008, pero recién en noviembre de este año hizo su debut por los pagos de Flores.
El último sábado, F.D.F. hizo su segunda presentación al público, esta vez sobre el escenario de Planet Music en Belgrano ante unas cien personas. Una decena de temas rockeros hizo vibrar el lugar: temas propios y covers tan diversos como Enter Sandman de Metallica, Pet Cemetery de Ramones, Anarchy in the U.K. de los Pistols o Paranoid de Black Sabbath.
¿Y los temas de ellos? Buenos, tan buenos como los covers. De hecho, cuando arrancaban los acordes de alguna de sus producciones originales, algún distraído llegó a preguntarse "che, ¿y este cover de quién es?". "De ellos", respondió otro más cercano a la banda.
Dedos machacantes, coros guturales, mucha fuerza sin perder nunca la prolijidad, solos acertados y una voz cantante que sabe bien lo que hace son los puntos más fuertes de F.D.F., que hicieron agitar cabezas a los más jóvenes y -fui testigo de esto- marcar el ritmo con el pie a más de una fan de la tercera edad.
Y acá abajo los cinco integrantes.

De izquierda a derecha:

Primera guitarra: Matías Sommer, remera de Mötley Crue, se muestra sobre el escenario como un tipo de perfil bajo que hace lucir principalmente a su guitarra. Prolijo, sin estridencias, regala melodías sutiles y ajustadas.

Bajo: ahí está Federico Samonta, estrellando sus dedos contra el bajo, dando potencia y suciedad. 100% metal, tanto él como sus coros son el corazón del agite y la potencia de la banda.

Voz: Cristian Lopard es la estrella glam que lidera esta banda. Ojos delineados, sombrero de leopardo, remera negra desgarrada como si hubiera sido víctima de un embate de groupies desaforadas, el cantante se mueve con personalidad sobre el escenario. Buena dicción, fuerza y un histrionismo que pide más público, más repercusión.

Batería: Maru Martínez, es el toque de distinción. Allá en el fondo, donde apenas asoma su cabellera lacia y azabache, se agitan dos brazos femeninos que marcan el ritmo y empujan a la banda con fuerza, actitud y mucho glamour.

Segunda guitarra: Miguel Pol fue el último que se sumó a la banda. Y llegó para quedarse: con su experiencia y creatividad, resultó clave para el despegue de F.D.F. Sobre el escenario cumple y ordena, levanta al público y divierte. El y su guitarra ya son uno sólo, y para la banda, ambos, se han vuelto fundamentales.

Y acá el My Space de la banda.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Sonidos de entrecasa

Ayer estuve en casa con mi amigo Diego que vino de visita desde Barcelona. Estábamos chusmeando este blog y le mostré el video de Kseniya Simonova, la ucraniana que dibuja sobre arena. También le partió la cabeza. Y desde su lugar de estudiante de teatro, apuntó que se la notaba super abstraída, como cuando un actor está arriba del escenario interpretando una pieza.
De la mano de youtube, me llevó a un video de unos percusionistas de algún lugar -random activado- de Europa del Este. Y la verdad es que son 10 minutos de pura genialidad. Y, por supuesto, acá lo cuelgo.
El que viene después es de esta banda canadiense y fabulosa que se llama Arcade Fire. Es una versión de Neon Bible que me pasó Julieta hace un tiempo ya, pero que lo realcioné con lo de los freakes del depto porque vendría a ser algo así como la misma técnica.
Y basta de palabrerío; disfruten los videos.




viernes, 4 de diciembre de 2009

The blog is still Blog

¡Buenas! Estamos de vuelta. Y aparecí para colgar un video nomás. Sí, parecerá estúpido, obsoleto o un posteo descolgado, pero a decir verdad después de varios días ajetreados con presiones, exigencias, y viaje a Santiago del Estero incluido -este último arduo pero muy disfrutado-, hay una canción que me relaja y me pone de buen humor. Bienvenidos al anecdotario los chicos de Belle & Sebastian con The blues are still blue.


sábado, 21 de noviembre de 2009

La furia de Botafogo y las tragedias del rock

Hoy tuve la oportunidad de leer la carta que escribió el músico Botafogo en relación a lo sucedido con el chico que le destrozaron la cabeza en las afueras del recital de Viejas Locas, y la tragedia de Cromañón.

Como verán, Botafogo se despachó con todo. Y si bien comparto mucho de lo "políticamente incorrecto" que dice, hay puntos en que me parece que se le fue la mano.
Hace 10 años, a mí también me gustaba Viejas Locas. Era una banda fresca, que hacía un rock cuadrado pero muy pegadizo, y que en vivo sonaba bien. Lo habré visto unas tres veces más o menos y la verdad que lo disfruté. Sí, puede que no fuesen grandes músicos ni hicieran discos que marcaran la historia, pero tampoco eran "una bosta" como dice Botafogo.
Comparto, sí, la irresponsabilidad de los músicos que hacen gala de su reviente: si ellos se pasan de vuelta o hacen bardo seguramente no terminen en cana, ni cagados a palos en la calle ni muertos ni nada. A ellos los cuidan. Ellos son rebeldes, pero hay un séquito que los cuida con algodones. No sea cosa que se caiga el ídolo y se termine el negocio. ¿Pero qué novedad con esto?
No sólo el negocio de la música funciona así, todo funciona así.
Y que pasen cosas como Cromañón o lo del joven Rubén Carballo en el recital de Viejas Locas, va mucho más allá del reviente o el negocio de la música: es nuestra sociedad la que está hecha pedazos. Es la corrupción política, la inoperancia y brutalidad policial, el descontrol de los pibes, la inconsciencia de una sociedad perdida, acorralada y sin sueños, la falta de educación, la falta de proyectos, la falta de perspectiva, el individualismo salvaje, el endiosamiento de la guita, el sálvese quien pueda, etc, etc, etc.
De hecho, creo que Cromañón es la maldita radiografía de una sociedad quebrada en donde nada funciona.

Y la última: cuando Botafogo habla de símbolos nazis, imagino que se referirá a Charly. Y si no es así, me parece que igualmente vale traer a colación una anécdota que, haciendo honor al leimotiv del blog, pinta un poco esto de la música, los ídolos, nuestra sociedad y, por qué no, la carta de Miguel Botafogo.

Nota previa: si algún fanático de Charly estuvo ahí y hay algún error, que lo haga saber nomás.
En 1996, Charly presenta el disco Say no more. Cuando la gente llega a la puerta del recital, se encuentra con que están repartiendo unas bandas para el brazo. Son rojas con un círculo blanco, y dentro hay escrita una sigla en negro: SNM.
Una vez dentro del recital, la mayoría de ellos ya lucían orgullosos la banda con el símbolo de la leyenda del disco.
Charly sale al escenario y le pregunta al público si tenían su brazelete puesto. Les pide que levanten el brazo hacia adelante para mostrárselo. Así lo hacen: de repente Charly, tiene cientos de seguidores con el brazo extendido hacia adelante, luciendo un brazelete con los colores nazis. Y entonces Charly le pide al público que se arrodille. Unos a otros se miran desconcertados: ¿Arrodillarse? ¿Qué es lo que pide Charly?
Charly se ríe, los mira durante un rato y dice algo así:
-Bueno, menos mal. Pensé que eran tan pelotudos que iban a hacer todo lo que les pedía. ¡Piensen! ¡Piensen, por favor!
Y tras una escena digna de Pink en The Wall, el show comienza.


viernes, 13 de noviembre de 2009

El extraño poeta que hacía rock

Escuchando a los Doors me acordé de una anécdota sobre Morrison que -quién más si no- me contó mi amigo Hori, histórico compañero de ruta recitalera, y una fuente inagotable de fábulas rockeras.
Como sabemos, Jim Morrison, más allá de una estrella de rock, fue un sex symbol. Pero esto de ser 'un tipo lindo, al que no le importa nada', de ser la tapa de disco, y de levantar groupies empepadas a cada paso, no era lo que Jim más disfrutaba.
De hecho se dice que sentía cierta culpa al respecto.
Lo que más desvelaba a Morrison no era ni la imagen ni la música: era un amante de la literatura y la poesía. Y sí, creanlo, la música quedaba en un segundo plano.
Aunque si nos detenemos un segundo, nos damos cuenta que ya en el nombre de la banda se descifraba el verdadero ser de Jim: el nombre de The Doors, es en alusión al libro de Aldous Huxley The doors of perception.
Y acá va la anécdota que lo termina de definir. Parece que cuando Morrison recibía a alguien en su casa, le proponía un juego: lo invitaba a tomar un libro de su amplia biblioteca, y luego le decía que lo abriera en cualquier página al azar, y que leyera una o varias frases. Y según dicen, la percepción de Morrison no fallaba: en cuestión de segundos, adivinaba autor y libro.
Jim was a stranger, but everyone remembers his name.


lunes, 9 de noviembre de 2009

Todos los caminos conducen a Liverpool

"Happiness is a warm gun". Siempre me gustó esta frase; el hecho de pensar la felicidad como un arma caliente tiene una fuerza desafiante, extrema. Y sobretodo el escucharla de la dulce pero corrompida voz de la ex Pixies Kim Deal, mientras el bajo arremete sucio y agresivo. Una combinación de lujo esta de los Breeders.
Pero bueno, esto fue así hasta hace un par de días nomás. Sí, perdón, no lo sabía.
El que me llevó a avivarme que este temazo es de los Beatles fue mi amigo Joaquín. ¿Mi excusa? Ser modelo 81', haber crecido musicalmente de la mano de la movida Seattle y el rock alternativo, con Kobain, Pixies y todo ese séquito de almas perdidas que, a mi gusto, hacían una música genial.
Pero no nos vayamos por las ramas. La cosa es que este amigo no entiende por qué aun no me fanaticé con los Beatles, y entonces en cada oportunidad que tenemos me los hace escuchar.
Corría el álbum blanco, y mi ansiedad me llevó a poner directamente uno de mis temas favoritos de los Beatles: While my guitar gently weeps. Y cuando la guitarra de Harrison se evanesce, arranca una canción que me suena. Sube, baja, va de un estilo a otro, y me suena. Me suena mucho.
-¿Y este tema? -le digo a Joaquín.
-Lennon -dice.
¿Lennon?
-Es un tema de The Breeders, le digo. La banda de la mina de Pixies.
-¿Sí? -dice-.
Bueno, eran los Beatles. Y ahí se lo escucha, clarito, es Lennon que susurra, cuenta una historia, una guitarra se deshace, y arranca el viaje, 'I need a fix cos i'm going down'... y te pone la pistola en la cabeza, siente el gatillo, y te abraza. Y un coro estilo cincuentas te levanta de nuevo, y... y me sigo convenciendo de que todos los caminos llevan a los Beatles.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Peter, Bjorn & John: mucho más que un silbido pegadizo

Es viernes, tuve una semana larga... ¿qué mejor que hablar de música y de libros en un mismo post?
Bueno, la cuestión es que recién ayer llegó a mis manos -mejor dicho, a mi casilla de mail- una nota de Salinger que salió en Radar en enero de este año, en honor al cumpleaños 90 del escritor.
Eso, por un lado.
Por el otro, googleando y youtubeando, acabo de encontrar una versión de The Chills, canción de los chicos suecos que titulan esta entrada, que sólo había escuchado cuando fui a parar el año pasado al festival "One Dot Zero" y que tenían a estos rockeritos indie como plato fuerte.
Y dónde está la fuckin conexión dirán ¿no?
Bueno por acá va la cosa: Peter y los suyos son los autores de "la canción del silbidito", que como muchos otros hits efímeros, recorrió radio, tele, publicidades y oficinas para luego morir en el olvido como tantas otras ya lo han hecho.
Para quien no la recuerda acá la cuelgo. Pero ojo, chusmeen y sigan leyendo después eh... ¡que falta lo de JD Salinger!



¿La tienen no? Bueno, la canción se llama Young Folks. Como habrán visto en el video dos chicos charlan, viajan en colectivo , y terminan armando una fiesta en una casa. Y ¡oh casualidad!, hay un cuento de don Salinger que se titula de la misma manera: Young Folks. Y ¡oh casualidad!, el cuento trata sobre las idas y vueltas de unos chicos que están en una fiesta en una casa.
En fin, de haberse inspirado en JD, para mí los suecos sumaron un puntito. Y si no, no importa. Aprovecho la ocasión para recomendar cuento y banda. Y además se que a vos, Julita, te va a gustar.
Y acá la versión rockera de The Chills que me trajo a todo esto (favor de hacer caso omiso al chabón del candado).

lunes, 2 de noviembre de 2009

Melodía subterránea

Era uno de tantos días de otoño de este año en que volvía de visitar a mi hermana en el hospital. Salí tipo 9 y media, antes de que pasara por Pueyrredón el último subte.
Eran días extraños, en que salir del hospital no significaba descolgar la cabeza de todo lo que pasaba, de las novedades, de las posibilidades. Eran dos cuadras de paso ligero y mirada vacía. Pero hubo algo diferente: cuando apenas pisé las escaleras de la estación oí una melodía. Hipnotizadora y dulce, se oía diferente a la de otros músicos que frecuentaban el pasillo de la estación. Era una flauta. Una flauta hechicera, que emitía un sonido como salido de un cuento medieval.
La melodía nacía de la flauta traversa de un hombre pequeño, un duende de ropa gastada, barba de tres días, y olor a cigarrillo negro. A su lado, un bolso deportivo abierto recibía alguna que otra moneda de diez o veinticinco centavos.
Lo pasé de largo, y me aposté unos metros delante para terminar de escuchar la canción. De algún lado la conocía: tal vez la hubiese escuchado en ese mismo pasillo, tal vez en alguna película.
Cuando la melodía desapareció, me acerqué al hombre. Me justifiqué de no tener dinero para retribuirle, y le pregunté sobre la canción.
-La canción se llama Green Sleeves -me dijo sonriente-, en inglés mangas verdes.
-Y, ¿de quién es? -le pregunté ya pensando en bajarla apenas llegase a casa.
-El autor es anónimo, pero la leyenda cuenta que la compuso Enrique VIII en su intento de seducir a Ana Bolena. Pero como te digo, eso dice la leyenda.
Le pregunté si era músico, si tocaba en algún otro lado. Me dijo que era instrumentista, que había estudiado años de conservatorio, pero que ahora andaba de malas y que se veía en la necesidad de salir a tocar de vez en cuando y juntar algunas monedas.
Muchas veces más volví del hospital por ese mismo camino, pero nunca más me lo crucé. Tal vez el duendecillo ande de buenas, tal vez se encuentre hechizando con su música a otros transeúntes cabizbajos por otros rincones y pasillos subterráneos de Buenos Aires.
Acá dejo una versión en guitarra de Green Sleeves. Si bien no es igual, al menos es parecida a la que escuché aquella noche de otoño, en aquel pasillo vacío que por unos minutos se hizo cuento.

domingo, 18 de octubre de 2009

Depeche Mode: to VIP or not to VIP

Ayer tenía cita con Dave Gahan y Cia. Personal Fest, Club Ciudad, miles de personas y mucha expectativa. Y por primera vez, un amigo me había invitado al Vip del evento.
Sonaban ya los primeros acordes de In chains, y mi amigo, mi chica y yo esperábamos en la entrada de acreditaciones por nuestras pulseras. Mientras los minutos pasaban y las pulsaciones se aceleraban, vimos pasar a varios famosos: Tognetti, Juan Perugia y su cereza, Charly Alberti, Iván de Pineda y varias de esas modelos que uno no sabe mucho más que eso, que son modelos. Los famosos desfilaban con paso lento, cosa de que ningún distraído se los perdiera.
En fin, demasiado ego y encima Depeche ya tocaba Wrong.
Y llegaron las pulseritas nomás. Ya eramos very important people...
Corrimos por el club al ritmo de Hole to feed, y nos encontramos con un vip recluido en un costado del campo, muy lejos del escenario. En la entrada, una ola de brazos con pulseras clamaban al cielo -y a los patovas- su exclusivo derecho de ingreso.
-Vos, y cuatro más -le dijo el patova de turno al periodista Sergio Hendler, el único famoso a la vista.
A unos metros de ahí, el campo explotaba y Depeche se lucía con Walking y una puesta en escena y un sonido que te dejaban sin aliento.
Y sí: tomé conciencia.
-¿Vamos? -les dije.
Y disfrutamos del show como siempre: lejos del vip, saltando, y entre la gente.
Me quedé con ganas de escuchar Everything Counts. Acá se los dejo.