lunes, 21 de diciembre de 2009

Maestros rurales, soldados de una guerra perdida. Día 1


Fue Los Juríes, pueblo del sudeste de Santiago del Estero. Aunque en cualquier otra provincia del noreste o noroeste argentino, el espectáculo hubiera sido similar: alarmante, estéril, desolador.
Lunes
Queremos algo sobre escuelas rurales. Tenés la posibilidad de viajar. Ojo que ya salió mucho sobre el tema. Mantené el foco en lo educativo. De última, dale una vuelta de tuerca, buscá algo nuevo.
Me puse en contacto con la Asociación Civil de Padrinos de Alumnos y Escuelas Rurales (Apaer) para que me pintaran un poco el panorama. Una tal Silvia, que por más buena intención que tuvo, en vez de ayudarme logró desorientarme más:
—Las problemáticas que afectan la educación en las escuelas rurales son tan diversas como la pobreza, la falta de presupuesto, el aislamiento, la emigración del campo a la ciudad y las condiciones climáticas adversas. No se bien qué es lo que buscás.
Yo tampoco. La hipótesis que se había manejado era la baja de matrículas en las escuelas, y la posible desaparición de algunas de ellas. Y la tal Silvia me lo había descartado enseguida. De hecho, por lo que decía, se había dado el efecto contrario: a los chicos no se les ocurría dejar el colegio porque no querían perderse ni el desayuno ni el almuerzo que les daban.
El próximo paso fue llamar a la Fundación Red Comunidades Rurales. Maud Zemborain, responsable del área de Investigación y Servicios Informativos —que luego también ocuparía el rol de consejera de viaje— me envió un estudio que había concluido la fundación días atrás. Ratificaba los dichos del Apaer: el 71% de las 1015 escuelas rurales encuestadas cuenta con un comedor escolar, número que asciende a un 95% en el norte del país, donde se registran los índices más altos de pobreza.
Pero más inquietantes resultaron las cifras que reveló el estudio respecto de la importancia que tienen estos comedores: alrededor del 50% de los chicos que asisten a las escuelas rurales abandonarían las clases en caso de que no contaran con el comedor.
Había una punta para el artículo. Había viaje. ¿Pero a dónde? ¿Con quién hablar?
La respuesta fue Maud. Me sugirió ir a Los Juríes, un pueblo originario de 5.000 habitantes, ubicado en Santiago del Estero, donde se da la particularidad que de las 32 escuelas que existen, 25 son rurales. Y no sólo eso: allí tenía el contacto de un maestro referente en la materia. Roque Rutz. Alguien abierto, bien dispuesto y que me podría ayudar. Pero antes de cortar, me hizo una advertencia: parece que el tal Rutz había tenido problemas con la prensa. Con Daniel Malnatti, de CQC. Algo de una camioneta. Un reclamo. Un mal entendido.
Antes de ponerme en contacto con él, lo busqué en Google. Según Página 12, CQC le había donado a la escuela donde trabajaba Rutz una camioneta. Y años después, el programa había recibido la denuncia de un maestro que decía que Rutz, al irse a otra escuela, se había llevado la camioneta. Malnatti viajó hasta Santiago y comprobó que la tenía Rutz, y que la usaba para llevar maestros rurales de acá para allá. Polémica, escrache e intervención de la Justicia. Y la camioneta, de vuelta a la escuela.
Ese era Rutz. O al menos el perfil que conocieron CQC y Página 12.
Lo llamé. Me contestó una voz suave, amable y aflautada. Me dijo que no tendría problema de verlo en Santiago, pero me advirtió que allá estaba lloviendo mucho, y que si no bajaba el agua, me sería imposible entrar a las escuelas.
Decidí entonces no salir esa noche como tenía previsto. Al día siguiente debía llamar a Rutz a las 13 —hora en que su celular tendría señal— y así confirmar si el temporal había amainado.

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